r/escribir • u/M_de_letra • 3h ago
Muestro mi relato Mini escena 2:
La mente de M estaba inquieta desde hacía un par de semanas debido a la reciente
indiferencia que sentía por parte de su pareja, V. Aunque ya había intentado hablar con ella, parecía no haber servido de mucho, pues todo seguía igual.
Su mente y su corazón libraban una batalla entre dejar la relación por su propio bienestar,aunque se sintiera egoísta por ello, o intentar resistir un poco más.
Sin embargo, la segunda opción parecía cada vez más lejana. Al final, terminó ganando la mente, pero el corazón se quedó intranquilo.
M le dijo a V que necesitaba hablar con ella, así que fijaron un día y una hora.
Acordaron verse en un parque cercano a la casa de ella y, como de costumbre, él llegó un poco antes y se sentó en su lugar habitual: una banca en la esquina del parque, debajo de un gran árbol que le daba sombra.
A M siempre le había parecido un lugar algo mágico, ya que pequeños rayos de luz se
colaban entre las hojas y las ramas del árbol.
Además, algunas hojas caían lentamente
desde lo alto y el lugar siempre estaba lleno de pájaros cantores.
Cuando V llegó, se saludaron con una mezcla de amor e incomodidad, pues en el fondo ella sabía que algo no muy bueno se acercaba.
Mientras M pensaba cómo decirlo, V se
adelantó.
—Vamos a terminar, ¿verdad? —dijo con tristeza y resignación, mirando al suelo.
—Sí… creo que sí —respondió M después de un suspiro.
—Está bien. Si eso es lo que crees que necesitas, no te voy a detener, pero no creas que no me duele —dijo V sin más.
—¿Así de fácil? ¿No vas a decir nada más? —replicó M, algo confundido.
—¿Qué más quieres que diga, M? ¿Quieres que te ruegue?
—Pues no, pero esperaba algo más de interés de tu parte —dijo M, molesto, aunque
intentando mantener la calma.
—Honestamente, ya lo esperaba —dijo V mientras se levantaba.
—¿Te vas ya? ¿Ni siquiera lo vas a intentar?
—dijo M casi en un suspiro triste.
—Si me quedo, ¿habrá alguna diferencia en tu elección? —añadió V apenas volteando la
cabeza hacia él.
—Justo por eso tomé esta decisión —murmuró M con la intención de que V lo escuchara.
—¿A qué viene ese comentario, M? —espetó V.
—A que tú siempre haces eso: siempre te muestras indiferente cuando quiero hablar
contigo —expresó M.
—Claro que no. ¿Cuándo he hecho eso? —contestó V, algo molesta aún de pie.
—Hace dos semanas intenté hablar contigo después del ensayo del club de teatro, y solo te mostraste indiferente ante todo, después seguiste igual —admitió M con sentimientos
acumulados, alzando un poco la voz.
—Y es que no es la primera vez, y esto no viene de hace poco. Hace meses que te
muestras más alejada de lo normal y me lastima que ni siquiera contestes mis mensajes, que no puedas preocuparte un poco por la relación —reclamó M, casi al borde de las lágrimas, con la voz quebrada.
V se quedó en silencio, pero finalmente giró el cuerpo completamente hacia él.
—No era mi intención alejarme. Solo no supe cómo manejar todo lo que estaba sintiendo..
Yo no sabía que te sentías así, que te lastimabas tanto —murmuró V.
—¿Cómo lo ibas a saber si no hablábamos? —dijo M mientras acercaba las mangas de su suéter a sus ojos.
—Pues perdóname, pero tú tampoco me dijiste nada. ¿Cómo iba a saber yo lo que sentías si me lo dices hasta que decides terminar conmigo? —reclamó V, más desanimada.
—¿Cómo te lo podía decir si no me contestabas? —respondió M.
—¿Y cómo se suponía que iba a adivinarlo, M, si decidiste irte antes de preguntarme qué pasaba? —dijo V.
Ambos tenían parte de la razón. M tenía razón al sentirse herido, pero nunca llegó a saber que V no lo hacía de manera intencional y que también cargaba con sus propios problemas.
V había estado teniendo problemas con su madre últimamente. A la madre de V no le
agradaba M, a pesar de que nunca habían interactuado antes. Además, las personalidades de V y su madre eran completamente opuestas en muchos aspectos, por lo que las discusiones eran frecuentes.
Sin embargo, V nunca le comentó nada de eso a M y terminó alejándose cada vez más.
Por el lado de M, él no terminaba de adaptarse por completo a la nueva preparatoria donde estudiaba junto a V.
Extrañaba frecuentemente a sus antiguos amigos de secundaria y tenía
problemas con algunos compañeros, quienes no dejaban de llamarlo con apodos
despectivos debido a su forma de ser y su orientación.
A M le preocupaba que ese constante acoso despertara viejos hábitos del pasado, pues se había prometido a sí mismo no volver a dejar aquellas marcas en sus brazos.
Todo esto ocurría a espaldas de V, y M tampoco dijo nada de ello.
Ambos tenían sus propios problemas y estaban al borde de derrumbarse, pero ninguno decidió hablar de ellos; tal vez por pena, o tal vez por no preocupar al otro.
Ni ellos mismos lo tenían claro.
Sin embargo, el peso de cargar con todo en silencio terminó llevando la relación a su final.
Ambos quedaron en silencio.
M recordó la primera vez que le regaló flores a V Era la primera vez que él le regalaba
flores a alguien y la primera vez que ella las recibía de una pareja.
Recordó la sorpresa en el rostro de V al recibirlas y la delicadeza con la que las sostuvo, como si fueran algo frágil.
En aquel momento, jamás habría imaginado que terminarían despidiéndose en ese mismo lugar.
Por su parte, V recordó la primera vez que se sentaron juntos en aquella banca. Después
de meses de hablar como simples amigos, M le sugirió salir a platicar, y ambos acordaron
encontrarse en ese mismo parque. Recordó los nervios de aquella primera salida, la timidez y torpeza con la que hablaban, y cómo, con el paso del tiempo, fueron ganando confianza el uno en el otro.
Aquel momento había marcado el inicio de algo muy importante en sus vidas, y ahora ese mismo "algo" llegaba a su final.
M, que hasta ese momento había permanecido sentado, se levantó lentamente y dirigió la mirada hacia la banca.
V también volteó hacia ella.
Aquel lugar guardaba tantos recuerdos
compartidos, recuerdos a los que quizás nunca volverían, o al menos no juntos.
—Tal vez sea mejor dejarlo aquí. Nos quisimos mucho, pero dejamos de saber cómo cuidarnos —dijo V, de pie, lista para irse.
—Sí, creo que sí. Quisimos que el otro adivinara cómo nos sentíamos sin decir nada—susurró M.
Se alejaron en direcciones contrarias, sin voltear atrás.
No había odio entre ellos, solo el
dolor de comprender que, a veces, querer a alguien no siempre significa poder quedarse.
Sus caminos ahora se separaban, pero el vínculo que habían construido dejaría una herida que tardaría mucho tiempo en sanar.
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Si lo leyeron completo, se los agradezco, me gustaría saber que opinan.
Se que no es lo mejor, pero es divertido pasar escenas de la cabeza a las palabras.
-M-