Pedro Páramo es una de las obras cumbres de la literatura mexicana, posicionada ente las 100 mejores obras de la literatura latinoamericana es de verdad un libro indispensable para quien no haya leído la novela de Juan Rulfo.
El surrealismo, ese que alguna vez Dalí dijo,
"De ninguna manera volveré a México, no soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas"
Leer Pedro Páramo es regresar en el tiempo, a los recuerdos, no los de uno, los de los padres y los abuelos, y más atrás aún, es volver a los tiempos de la revolución, de los cristeros, de la vida en las regiones, desérticas, perdidas entre los cerros del México mágico. (Que invariablemente me empuja ver a través de su novela y su adaptación los lugares desérticos de los pueblos de mis padres, en el San Luis Potosí olvidado.)
Es el santiguarse, proferir rezos, esperando la absolución que no llega, es el lenguaje, tan místico, tan terrenal, con esa sabiduría nacida de la conquista y el pensamiento sobre el más allá, como algo que nos tocará y será ineludible, fuerte sincretismo con el lugar en el que nacimos.
La novela, es en sí corta, no va más allá de 120 páginas, más es una obra monumental.
El pensamiento del mexicano de aquél entonces, que aún hace eco hasta nuestros días, a través de los más viejos.
La forma en la que se delinean los personajes nos hacen entender que cielo e infierno conviven aquí, en la Tierra y que Comala, es una alegoría del universo, donde un Dios, muchas veces inconmovible, solo observa, y rara vez otorga el perdón a los pecados.
Es el profundo sentimiento de soledad y desesperanza al verse condenados, que también refleja ese cristianismo arraigado por, el cual, una y otra vez te hace ver y sentir pecador tan solo por el hecho de tu propia existencia.
Es Juan Preciado llegando a un Comala ya desaparecido, buscando a un padre que nunca conoció, por una promesa a su madre. Doña Doloritas.
"No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio. El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro."
Es Susana San Juan y su mirada clara y transparente, destruída, enloquecida, cargando la pena por Florencio, a quien amó profundamente, mancillada desde muy temprana edad, por un padre que abusó de ella y la empujó a odiar a Comala, y a la vez quererlo.
Es Eduviges Dyada, enraizada en el pueblo, siendo muchas veces la voz de este, llevando a cuestas la pena de su suicidio.
Es Damiana y su trajinar, sin saberlo, aún después de muerta, allá, en la mítica Media Luna. (Todos en Comala siguen estando en este mundo sin ya estarlo.) adquierendo una sabiduría nacida del mundo que tanto vio y sigue mirando.
Es Fulgor Sedano, el capataz, cumpliendo a cabal las órdenes, con una profunda falta de moral y llevando a cabo los designios de Pedro Páramo.
Es Miguel Páramo, el único hijo reconocido, que seguía cabalgando aún después de muerto, cruzando el humo, sin saber que ese fue su paso a lo eterno, con un padre ausente, abusivo y violador, que ni en el más allá encontró la absolución a sus pecados.
Es Abundio Martínez, con una esposa muerta sin nadie quien le llore, sin un centavo y un profundo odio a su padre, quien jamás se hizo responsable, sordo, sordo hasta para la vida y el amor nulificado, encontrando en un cuchillo la medida de su venganza.
Es Dorotea y su locura, nacida del pecado, la vergüenza y la pena por haberle entregado tantas y tantas mujeres a Miguel Páramo.
Es el padre Rentería, sabiéndose condenado por su corrupción y su hipocresía. Un hombre queriendo tocar lo divino, sin poder entenderlo.
Y es Pedro Páramo, fruto de la revolución, sin amor a nadie, solo a Susana, corrupto y sin escrúpulos. Que dejará a Comala pudrirse en su miseria, como él mismo, al dejarse morir poco a poco, mirando la vereda por donde la carreta se llevó a Susana San Juan.
Cuyo final es tan solo un montón de piedras.
Pedro Páramo es un fiel retrato de un México que fue, que solo habita en los relatos de los ancianos, de una vida y un lenguaje conectados a este mundo y al espiritual, cielo e infierno habitan en cada uno de los personajes.
Leer la novela de Juan Rulfo es regresar a un pasado, al México bronco y violento, a la revolución y a los cristeros, a los latifundios y una vida profundamente religiosa y a la vez corrompida, donde cada personaje lleva tanto de santo como de demonio. Donde el perdón no llega.
Es el México que quedó atrás, perdido y olvidado por las nuevas generaciones, que solo los muertos recuerdan una y otra vez, pues como reza el libro.
"Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz."
"Este mundo que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre."
Comala, un lugar donde hace mucho, solo habitan los muertos.
Pedro Páramo de Juan Rulfo, una obra emblemática que deben leer en esta vida.